
Si, si, ella sigue viva. La vieron por la Aldea, aunque no eran fechas; en la boda famosa y esperada sonreía vestida de azul. La vieron planeando viajes y sueños allá por un País Bajo. Cantaba en un coche y se dejó caer en alguna terraza de moda; si, parece algo raro, pero alguna frecuenta. Sigue llegando tarde a los sitios, riéndose de absurdos juegos de palabras, pintándose en el asiento del copiloto. Echa de menos la lluvia, extraña los días del verano pasado en Caños de Meca, y sabe que pronto, para su suerte, llegará el otoño, pues el verano no es lo suyo, aunque se adapta a él. Busca ratos en los que se busca a sí misma. Casi le salen escamas en Caño Guerrero por pasar cinco horas entre olas y confidencias; sigue buscando la verdad de las cosas y el mejor lado de las personas, aunque no siempre lo logra. No le gusta lo que escribe, no se siente a gusto con ello; no pierde el empeño por juntar letras, pero a menudo se mosquea consigo misma… Intenta paliar el calor en la piscina, pretende mirar al frente para que quede bien atrás esa rachilla no tan buena que ha venido padeciendo. Disfruta con lo pequeño y procura que eso no le falte. Al fin está abandonándola un resfriado veraniego que la traía por la calle de la amargura… A veces, muchas veces os lee, a veces, demasiadas veces, no os comenta, sin ningún motivo especial, pero lo siente mucho. Sabe que volverá, o que tal vez no, pues tampoco es capaz de irse ¿y cómo vuelve quién no se va?



