domingo 1 de noviembre de 2009

El 27


Es algo tan simple a los ojos de cualquiera, y es una sensación tan rara para mí…
Desde hace unos días nos encontramos en Ponce de León, me subo y comienza la andadura… Pronto llega ese momento, Recaredo arriba me enseñas la puerta invisible que para mí da entrada a ese cúmulo de adoquines, años y gentes que llevo grabadas en la piel del alma. No es la zona más bonita de Sevilla, no es donde vivo, pero tú, 27 me enseñas mi barrio. Me lo muestras a esa hora extraña en que muchos dormitan o reposan la comida, hora de sobremesa, hora de casi cualquier cosa menos de andar por la calle… Quizás la tranquilidad y el silencio inusual dentro del autobús es lo que hace que ponga mas atención en los coches que entran San Esteban arriba, en la farmacia de Manolo, en la iglesia que imagino cerrada, en “La Ventana” que estará siempre abierta… Es cruel hacerme eso 27, es duro pasar cada día, sentirme intrusa, verme que estoy de paso, saberme camino del Este de la ciudad, donde están ellos, donde llegará la que ahora soy yo, donde no soy infeliz, las horas que allí paso, pero donde no hay una calle Vidrio para jugar con los recuerdos de la infancia, ni el mejor asador de pollos de la ciudad, o unas Piletas para cualquier cosa… Pero por suerte o desgracia, nada en la vida es definitivo, todo parece temporal, y un día de estos, cuando la pluriempleada de las paradas que también grabó el “Servicio contestador de Telefónica” diga eso de: “Próxima parada; Recaredo Puerta de Carmona” le daré al timbre y perderé la tarde allí, en el barrio que no es barrio aunque aquella sevillana dijera lo contrario…

Foto: Gracias a la cámara 21 de Trajano
El Gran Hermano nos observa…

jueves 22 de octubre de 2009

Memento


Podrían decirse mil cosas de ti, aunque lo mismo ya se dijeron todas. Podría saberse más de tu corazón sensible, de aquél trozo de tierra olvidado y recordado por unos y otros… Se podría hablar de la necedad de quienes temían tu pluma, incluso cayendo en el chiste fácil. Por un instante se podría volver a recordar tu ingenio en cualquier faceta, tu amor por el flamenco, por el campo, por la vida.
Son días, en los que como tantos otros, asaltas la mente de muchos, el alma de otros tantos. Es paradójico, puede que con el intento de callarte alzaran tu voz mucho más; y puede que un simple trozo de tierra tome forma de recuerdo que no se deba olvidar, un “memento” latino que quede impreso en la piel de todos aquellos que se acercaron a tu genio, aunque sólo fuera una vez.




MEMENTO

Cuando yo me muera
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera
enterradme si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!


Federico García Lorca
Poema del cante jondo


Foto: Publico.es

jueves 8 de octubre de 2009

1, 2, 3… nimiedades


PUNTO LIMPIO


Primera visita a semejante lugar, un directorio algo ambiguo a la entrada, y un trabajador más esclarecedor. Indicamos lo que traemos, y él nos da el número mágico, el 9, ese es nuestro destino.
Nos detenemos junto al 7, ella se deshace de la primera máquina de vapor que tuvimos, y yo me lleno de polvo quitando la caja de la siguiente víctima, porque nadie tira las cosas con la caja… Me aproximo con la CPU y con emoción miro ese cúmulo de electrodos, carcasas, cables y electrodomésticos que en su día fueron útiles. Lo lanzo con ganas y cae en medio de un mogollón de chatarra electrónica. Ha sido una gozada, tanto que me da pena no tener más cosas que seguir tirando. Mer busca donde se tiran los cartones y papeles para la caja, y yo no me resisto a hacer un par de fotos, con más pena que gloria pues la luz me da en toda la pantalla de la cámara. Mientras, el surrealismo del lugar me lleva a pensar porqué nuestro cerebro no tiene algo parecido; un punto limpio, un lugar en que de forma clasificada y dividida por sectores, podamos arrojar todo lo que molesta, lo que estorba, lo que ocupa sitio y nos lastra para continuar; un área acotada para todo lo que no nos deja avanzar. Mer vuelve emocionada por la visión de una grúa aplastando papeles y cartones, y se acaba nuestra visita. Saliendo un cartel indica el lugar donde se tira la ropa; nuestra mente vuela. En la próxima visita podremos quitarnos la rémora de la moda de los noventa.

LA LLAMA

Por desgracia la carta de ese lugar ha menguado, y ya no sé si va a seguir siendo nuestro “cuartel general”. De todas formas, la otra noche fuimos, y al sentarnos un amigo repara en que la vela de nuestra mesa está apagada. Intenta encenderla con mi mechero pero no puede. Yo lo logro, me había dado cuenta del problema, el caño del aire acondicionado es muy fuerte y la llama peligra. Como entretenerme en nimiedades es uno de mis grandes vicios, durante un rato giro y giro el plato cuadrado donde está la vela para buscar el ángulo en el que el aire la perjudica menos. Tras un rato invertido en semejante tontería, es imposible, le da por todos lados, no hay manera de ocultarlo. De vez en cuando me distraigo mirando como la llama resiste los envites del aire artificial. Cuando nos vamos sigue encendida, algo que no creía posible y tal absurdez me alegra.


LA CANCIÓN

Hace ya algunos años alguien me dijo cuanto le gustaba cierta canción; como a mí no me gustaba demasiado nunca le eché mucha cuenta a aquello. El otro día la escuché después de mucho tiempo. Recordé aquel comentario, aquella situación, y por un momento todo pareció encajar, casi una respuesta clarificadora parecía saltar entre notas y palabras… Al terminar el tema, pensé que como tantas veces, podía ser que me equivocara, y no había mensaje ni nada parecido, aunque por suerte, ya da igual.



---------------------------------------------------------------------------


Sí, no entiendo bien esta entrada ni yo, pero así estamos ya, he reparado en varias cosas pequeñas y aquí se quedan…

lunes 28 de septiembre de 2009

Desde el tejado, para Lacava


Leo la que por desgracia parece ser la última entrada de Lacava en su blog, y al hacerlo, además de sentir la pena de que aquel rincón trianero se cierre, reabro un debate interno que tengo conmigo misma desde hace mucho tiempo. Más que debate son preguntas y cuestiones que no alcanzo a entender.
Un blog es un espacio personal, que puede tener temáticas muy diferentes, pero por regla general, tiene un autor o autores que crean su contenido. Nunca he entendido del todo el tema de las clasificaciones, tal vez porque nunca he sabido clasificar el mío; aunque muchos no dudan en decir que este rincón es personal; me hace gracia esto, pues considero que la mayoría de los blogs son personales. Lacava por ejemplo estaba muy centrado en temas cofrades pero ¿acaso no era aquello personal? ¿no era personal cada letra, cada palabra, cada rima y cada tema? Por eso tal vez, por lo íntimo que a veces llega a ser lo que muchos escriben, me cuesta entender a los que copian textos de otros en sus espacios. Muchos recordarán que a mí en una ocasión me ocurrió algo parecido, y cuanto me indignó. Por suerte o por desgracia, mis entradas no son como las de otros, que realizan trabajos de investigación, documentación y demás, pero a pesar de todo me molestó enormemente que plagiaran mis sentimientos, mis pensamientos, aquella tontería que me rondaba por la cabeza y decidí colgar aquí. También hay quien piensa que el autor de un blog es egocéntrico (cosa que sería para discutir largo y tendido) o que tiene alguna intención oculta, persigue algo con su blog. No puedo hablar por la blogosfera mundial, pero en el pequeño círculo de blogueros que conozco, la inmensisíma mayoría son personas que tienen ganas de escribir, mejor o peor, ganas de contar cosas que les pasan, compartir lo que saben, ilustrar con sus fotos…
Además, antes de que Lacava editara su última entrada hacía referencia a cierta web/comunidad sobre la que no quiero entrar en muchos comentarios, sólo diré que conozco varios casos ya de miembros de esta que se dedican a apropiarse del trabajo de otros. Entiendo que los administradores no pueden controlarlo todo, pero si pueden “castigarlo” en el momento que esto se pone en su conocimiento…
Es una pena que algo tan original como puede llegar a ser una bitácora, se vea saqueada por gente que quizás, bien por ignorancia, bien por poca seguridad personal, no son capaces de publicar sus propios textos y se adueñan de los de otros… Pero bueno, esta divagación sobre blogs y sus autores no lleva a ningún lado, no arregla nada, ni resuelve nada.
Espero que Diego no se olvide mucho de seguir paseando por las casas de los compañeros, y espero encontrarlo en ese corral de vecinos que tantas risas nos regala. Espero que esté mejor ahora, que ha tomado una decisión difícil pero consecuente con él y lo que piensa. Espero que todos recordemos que habló maravillas del Viernes Santo, que pregonó su Tómbola de La O, que criticó el escaparate de vanidades que a veces es esta ciudad, que amó los coroneles y detestó las malditas sillitas de los chinos… Espero que se sienta orgulloso de todo lo que publicó, porque eso es algo que nunca podrá quitarle nadie, y quien sabe, tal vez algún día incluso me lo encuentre en ese rincón cofrade de Pío XII que lleva el nombre de mi otro blog. Espero, que aunque no se publique, o sí, nunca dejen de salir letras desde Lacava.
Pintura de Daniel Franca
Paseo de la O

lunes 21 de septiembre de 2009

La semana de los no cambios


Empecé la semana con lluvia y un nuevo perfume de Carolina Herrera, traído directamente de la Gran Manzana. Como comienzo no era malo. Según mi horóscopo, sí, he escrito bien (a las horas que yo estoy despierta esa es la fauna menos nociva que anda por la pantalla de las frivolidades) en estos días mi vida sentimental daría un gran vuelco. Sin llegar a creerlo, pero preparada por si el vuelco se producía, que ya a estas alturas no se sabe que o a quien creer, continué mi peregrinación por las horas y los días…
Decididas a redecorar nuestra vida, y hacer que nuestros libros tengan un lugar feliz en el que vivir, Mer y yo fuimos al paraíso del suelo con flechas; pero a veces los paraísos artificiales tienen fallos como que tu ansiada estantería mide más que tu coche; es un problema, y si el trasporte del mueble es más caro que el mueble en sí es… eso, lo que empieza por “j” o lo que empieza por “p”.
Para animar mi entorno, el poyete que hay bajo mi casa se ha convertido en punto de encuentro de la alegre muchachada barriera, que en tiempos de crisis abraza con devoción la cultura de la litrona. Pero sus actividades lúdicas y de ocio no se limitan al beber sin más, no es un sin sentido de zumo de malta, cebada y otros componentes. Acompañan su actividad con varios tipos de cosas para fumar, rompen las botellas en delicioso repicar de vidrios, escuchan música de suprema calidad por sus modernos móviles, conversan y debaten animadamente sobre el calentamiento global y demás temas que les inquietan, y mi favorito, hacen concursos de eructos, aprovechando la acústica que la noche y la propia calle les ofrecen.
El resto se podría resumir en que creo que padezco el “Síndrome de la azafata”, me llevé alguna decepción de las de rigor, me sentí un pelín tonta, me sentí un poco feliz, llegaron desde Madrid sones sevillanos de batallas de gallos por un móvil, volví a ver la trasera de un palio, confié en el Barceló Cream (desacierto) , me quitaron el Messenger de siempre obligándome a usar una versión moderna y terrible que me quitó la posibilidad de compartir carpetas, y pese a todo, quiero creer que ahora, como cantaba Ismael Serrano, no es un mal momento. Como dije, llovió, bajaron las temperaturas y parece que el otoño se está colando en el calendario, y aunque el verano se lleve consigo los helados, las copitas en las terrazas, el mar de posibilidades que algunas veces se abría ante mí, no lo voy a echar de menos. Ansío cambios, golpes de efecto, y aunque el horóscopo se equivocara, y no llegara ese vuelco, presiento que se acercan otros que cogeré con ganas, pues lo mismo esta semana que hoy se estrena, sí es la de los cambios; y si me equivoco… siempre puedo pillar unas litronas y unirme a los de debajo de casa, no será productivo, pero un cambio técnicamente sí que sería…

martes 15 de septiembre de 2009

Edam al completo



Resultaba a la vista tan alegre como un parque, o incluso más; eso sí, era silencioso y tranquilo. Tal vez esa mezcla de alegría y respeto era lo que creaba un ambiente tan pacífico y ambiguo. Girasoles, muñecos, espejos, todo valía para adornar el descanso de los ciudadanos de aquel pueblito holandés.





Yo había visto japoneses en el Cementerio de San Fernando, y muchas veces pensé que era fetichismo turístico; aunque por otra parte es cierto que en muchos países y culturas, la relación con la muerte es diferente a la que tenemos aquí. Desde luego no son pocos los que visitan tumbas de escritores, poetas u otros artistas; yo misma sueño con ver algún día la tumba de Kafka, pero allí no había nadie relevante a esos niveles.



A pesar de todo, era un lugar muy peculiar. Parecía que cada lápida llevaba algo que a su inquilino le gustaba y ninguna era similar a la anterior, todas eran de suelo y únicas. Aquí, al igual que en nuestras casas, hemos creado tumbas de pared que se apilan con la misma monotonía de los bloques de pisos.







Edam me había resultado un pueblo fascinante, precioso y lleno de encanto; saliendo de su camposanto vi que ese “detalle” que parecía envolverlo todo, ciertamente, lo envolvía todo.







Alguna vez escuché aquello de que uno no conoce realmente un sitio hasta que no visita su cementerio, y ahora empiezo a pensar que puede ser cierto.

sábado 12 de septiembre de 2009

¿Por qué?


Se me vienen a la mente todos aquellos filósofos que trataron el arte (para mí lo es) de la pregunta. Si, preguntarse cosas, evolucionar en el pensamiento, la diferencia del hombre dormido y despierto, todo aquello… Pero algo falla, imagino que la iluminación del pensamiento y el saber no se hicieron para mí, por más que me pregunto yo creo que mi ignorancia no mengua, claro que la calidad de las preguntas…

¿Por qué el otro día no paré de mirar el móvil a cada rato? Porque tengo el mismo sonido que un alto porcentaje de la población, así de estúpido… ¿cambiar el tono? Creo que no, eso sería lo lógico.
¿Por qué son tan complejas las relaciones humanas en cualquier grado de afectividad? Ni idea, lo mismo cualquier día lo descubro y me desmayo al conocer el secreto, o simplemente cada vez voy a ir tolerando menos tonterías del personal, quien sabe…
¿Por qué limpiando ese maremágnum que tengo por bolso salieron patatas fritas de su interior? Increíble, pero cierto, además de una guarrada sí, lo sé.
¿Por qué versiones remasterizadas de los Beatles? A mí me gustan con sus desafines, las idas de pinza y las guitarras imperfectas.
¿Por qué tantos artistas italianos, como los del Seteccento vivían tantos años? La mayoría son octogenarios, y contando con la higiene y sanidad de la época, sumando el hecho de que se pasaban el día entre pigmentos, óleos y demás insalubres fluidos, es que no me lo explico.
¿Por qué a Du Guesclin siempre le hacen caso? Murillo está limpito, limpito, como se aprecia en la foto.
¿Por qué tengo tantísimas ganas de que llueva? Y peor ¿por qué no lo hace? ¿Por qué siento que llevo retraso en las horas de llanto que me corresponden?
¿Por qué tengo tan mala mano para las plantas? ¿la madre naturaleza me odia? ¿Por qué existe la soledad en compañía? ¿Por qué socialmente está tan poco admitida la desgana? ¿Por qué teniendo fiebre en verano te sientes más estúpida? ¿Por qué alguien pensó que un buen nombre para un esparadrapo era “pupitas” ? ¿Por qué tantos “porqueses”?